Se mezcla todo. En Argentina, el jogo bonito y el fútbol total desembarcaron en el despectivo tiki-tiki; el catenaccio, en el brutal antifútbol. Menottismo y Bilardismo, siempre hablando de estas tierras; según quién y a quién se lo diga, elogio o crítica.
En los tiempos recientes, con el Flaco y el Dr alejados de logros deportivos contundentes, la discusión sinfín posó todas sus energías en encontrar rasgos de ambos estilos en diferentes equipos, dirigidos por técnicos como Bielsa, Basile, Cappa, Pekerman, Sabella, etc, etc. El Loco, ofensivo pero poco pausado y muy estricto tácticamente, genera más dudas que los otros enumerados. También están Bianchi, Ramón Díaz, Gallego, Borghi, que, acaso por poco emparentables, parecen embarcados en la misión divina de hacernos dejar poco a poco esta discusión vieja y aburrida.
De repente, Mourinho y Guardiola. El portugués, primero cronológicamente, ganando trofeos importantes con el modesto Porto, el millonario Chelsea y el poderoso Inter. Actualmente dirige al Real Madrid, acaso su desafío más grande al momento. Por otro lado, el correcto y brillante Pep, ganador, casi literalmente, de cada competencia en la que participó como entrenador. Ambos revolucionaron el fútbol mundial: con estilos simétricamente opuestos fueron campeones, presentando así una disputa ideológica a todo aficionado, reavivando el viejo debate en los argentinos.
En los tiempos recientes, con el Flaco y el Dr alejados de logros deportivos contundentes, la discusión sinfín posó todas sus energías en encontrar rasgos de ambos estilos en diferentes equipos, dirigidos por técnicos como Bielsa, Basile, Cappa, Pekerman, Sabella, etc, etc. El Loco, ofensivo pero poco pausado y muy estricto tácticamente, genera más dudas que los otros enumerados. También están Bianchi, Ramón Díaz, Gallego, Borghi, que, acaso por poco emparentables, parecen embarcados en la misión divina de hacernos dejar poco a poco esta discusión vieja y aburrida.
De repente, Mourinho y Guardiola. El portugués, primero cronológicamente, ganando trofeos importantes con el modesto Porto, el millonario Chelsea y el poderoso Inter. Actualmente dirige al Real Madrid, acaso su desafío más grande al momento. Por otro lado, el correcto y brillante Pep, ganador, casi literalmente, de cada competencia en la que participó como entrenador. Ambos revolucionaron el fútbol mundial: con estilos simétricamente opuestos fueron campeones, presentando así una disputa ideológica a todo aficionado, reavivando el viejo debate en los argentinos.

La introducción –primer párrafo- tiene su pretexto: en estos últimos años la discusión en Argentina tomó una interesante curva, que consta en coincidir en que no existe jugar lindo, sino que el eje es jugar mal o bien. Pues bien, este escribiente está convencido de que el fútbol sí tiene una estética y que por ende sí existe jugar lindo o feo, aunque esto no esté entre las primeras características para valorar un equipo.
Este Barcelona, que para muchos es el mejor equipo de la historia, juega excelente y lindo; valora tanto el control del balón que en situaciones donde tiene mucho más para perder que para ganar, como tocando entre Valdés, Puyol y Abidal, parece poner en duda si es por estética o por efectividad.
El juego bonito no significa ser ofensivo; los equipos de Bielsa y de Mourinho lo son en la amplia mayoría de sus partidos; incluso son eficaces, mas no bellos a los ojos de ciertos hinchas.
En defensa es donde se puede observar la diferencia más clara entre jugar bien y lindo: este escribiente nunca escuchó a nadie decir “qué lindo cierre” o “qué lindo relevo”. Estas acciones suelen ser valoradas a través de adjetivos como “genial”, “impecable”, “perfecto”.
Acaso, un debate tanto o más interesante que éste sería aquel que planteara discutir en cuáles casos jugar lindo va en contra de la intención de jugar lindo y viceversa.
Será en otro momento.